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Poemas



         

                           ANTE EL PASO
 
¡Silencio! La pena es tanta
para estos ojos humanos,
que el luto de los hermanos
enmudece mi garganta.
 
El gran pecado me espanta
en las tinieblas del día;
y al pasar la Cofradía,
viendo que ya se me muere,
yo le digo: ¡Miserere!
al Cristo de la Agonía.
 
                             Emilio Lalinde
 AL CRISTO DE LA AGONIA
 
Por ser Dios, fuiste aclamado,
por dar ejemplo ofendido,
sin causa fuiste vendido
y por ser justo azotado.
 
Cruelmente crucificado
y vos Padre de bondad,
rebosante de humildad,
indefenso y moribundo
perdonaste a este mundo,
que os ofende sin piedad.
 
Por él, con pena y dolor
y por tantos pecadores,
os ruego, con mil amores
¡Misericordia Señor!
 
A la vera de tu amor
quisiera estar noche y día
¡que feliz se sentiría!
mi sensible corazón.
Dadnos paz y comprensión
¡Oh Cristo de la Agonía!
 
Avelino Mendoza             
 
 MADRE VESTIDA DE BLANCO
 
¡Madre! ¡Cómo te veo sufrir¡
tu bello rostro refleja
esa pena contenida
de ver a tu Hijo morir.
 
¡Madre!, yo quisiera consolarte,
pero al ver desfigurado
a Jesús crucificado,
¡Ya no sé cómo ayudarte!
 
¡Madre!, vestida de blanco,
Tú si sabes consolarme,
y con ese color darme
fe, en Jesús resucitado.
 
¡Madre! Yo quiero junto con todos
los hermanos del Silencio,
ayudarte con esmero
a afrontar tus sufrimientos.
 
                                                        Raquel Sobrado

 
MIRA A CRISTO
 
Ya sale la Cofradía
del Silencio, de San Pablo.
Ya sube Cristo la cuesta.
Un trono de luz y flores
prepararon los hermanos.
 
Se pone en marcha el cortejo
los Hermanos van despacio,
llevan el rostro cubierto,
van rezando y van llorando.
 
Orad -dijo Cristo un día-,
orad por vuestros pecados.
 
Mira, Hermano del Silencio,
mira a Cristo, y en sus ojos,
que están ya casi cerrados,
verás un ruego de Padre.
 
¡Hijo! ¿Qué quieres que haga
para que seas salvado?
 
Cristo predica en silencio,
es el dolor quien te habla.
¡Y tú te quejas de todo!
Mira a Cristo, llora y calla.
 
J.M.R.A. Año 1960           
         
 TODO ESTÁ CUMPLIDO, PADRE

Cristo, tan alto en la cruz clavado,
que no te vemos humano,
sólo humilde y misterioso
cuando descolgado estás,
en esa capilla hermosa
donde está la Dolorosa,
Madre tuya y madre nuestra
por ser de Dios voluntad.

Viendo de cerca esas manos,
por el dolor retorcidas
tan humanas, tan divinas,
que acariciarlas quisiera
para quitar esos clavos
que, yo misma, alguna vez
te clavé con mis pecados
sin darme cuenta siquiera.

Y, ese hermosísimo rostro
de espinas ensangrentado,
con el gesto desgarrado
para poder exclamar,
haciendo un último esfuerzo:
"Todo está cumplido, Padre"
Padre tuyo y padre nuestro
por ser de Dios voluntad.

Raquel Sobrado